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Posted on Jun 14, 2016 in Home | 0 comments

El eterno candidato: Tres textos sobre Inglaterra

El eterno candidato: Tres textos sobre Inglaterra

La eterna espera inglesa

Por Alan Guerrero

Pese a poner las escrituras para comprender el futbol moderno, el balompié inglés lucía extraviado. Con la mejor liga del mundo en cuanto a recaudación y exposición mundial, la Federación Inglesa se ahogó en dinero y olvidó los principios básicos de este deporte: forjar jóvenes para integrar sus representativos nacionales.

Inglaterra goza de una reputación cuestionable. Los ingleses siguen siendo la única selección ganadora de un Mundial que no ha sido capaz de obtener la Eurocopa. El tormento inglés parecía que llegaría a su fin al ser anfitrión en 1966. No fue así. La frustración se prolongó desde los once pasos en semifinales. Alemania silenciaba Wembley y días después se consagraba el mejor en la catedral del futbol.

Las competencias transcurrieron y los sinsabores aumentaron. La generación de Beckham, Gerrard, y Lampard, les deparó un triste desenlace. Tanto en Lisboa en el 2004, como en Kiev en el 2014, los británicos se marcharon por la puerta de salida antes de tiempo, como lo demanda su escudo. La estrella bordada sobre su pecho se iba descosiendo con el paso de los grandes torneos.

Tras una ronda de clasificación rayando la perfección, la constelación inglesa viaja a Francia con la esperanza que recuperar el prestigio que sólo ha obtenido en casa y que se le resiste fuera de los límites de la isla del futbol.

Una nueva generación rodeada de jóvenes imberbes e inspirados en la rebelión del Leicester City, tratarán de llegar a la utópica pero anhelada final. La eterna espera inglesa puede terminar en París.

 

Ya comenzó  la EURO y hay un eterno candidato: Inglaterra

Por Augusto Aguilar

Una selección renovada con sangre nueva que nos hace recordar esas grandes camadas que durante mundiales y Eurocopas han hecho soñar a una nación que no gana nada desde aquel polémico mundial organizado en tierras inglesas. Está visto que ni David Plate, ni Paul Gascoigne, dos grandes estandartes del futbol inglés fueron capaces de llevar trofeos a las vitrinas de la selección de la rosa, ese talento que había en sus piernas y cabeza fue rebasado por los excesos. Posteriormente aparecen Sheringham, MacManaman, Shearer, Seemann que se quedan en el camino en semifinales en el mítico Wembley a manos de los alemanes, partido que llegó a los tiros penales y con un final cardiaco en la Eurocopa organizada en 1996 en su país. Entonces aparece el icono de la moda y el futbol inglés David Beckham que es el cambio de estafeta con la generación de los Neville, Owen, Ferdinad, Scholes, Lampard y el gran capitán Gerrard igualmente sin lograr nada a nivel selección.

Hoy Inglaterra está ante una nueva oportunidad con una selección renovada quizá no tenga los nombres de antaño pero sí tiene algo de lo que han carecido sus antecesores inmediatos: la garra y la lucha que siempre distinguieron a los ingleses  con sus dos máximos exponentes como estandartes, el chico malo Wayne Rooney y el obrero ídolo de la actualidad Jamy Vardy.

Esperemos que los ingleses se acuerden de la hazaña que ha logrado esta temporada el Leicester City demostrando al mundo que se debe volver a las raíces para lograr grandes hazañas, este es claro ejemplo de lo que siempre fue la selección inglesa un equipo de lucha y garra sin olvidar la elegancia y el estilo propios del pueblo inglés.

 

La estóica, siempre contendiente Inglaterra

Por Hugo Maguey

Inglaterra aguantó hasta el final en la Segunda Guerra Mundial. El poderío inglés es hereditario. Se trata de un pueblo guerrero, una sociedad acostumbrada a las peleas, a las guerras, y a ganar.

Cuando toda Europa había quemado las naves, cuando los bombardeos alemanes eran tantos que ya había poco qué derribar, con una Francia que había entregado París a los nazis desde el 14 de junio de 1940, y todo parecía perdido, Inglaterra no se rindió. Pasaron años y muchos eventos, cambios en la cancillería para que los británicos pudieran regresar a casa como ganadores de la Segunda Guerra Mundial. Al final, la dirección de Churchill, y la resistencia de ese pueblo, con un gran aporte de sus mujeres, hicieron que prevalecieran ante los feroces ataques de la Luftwaffe.

Sí, quizá sin el apoyo estadounidense y ruso, la historia sería otra, pero ese aguante también se ve en otros aspectos de la vida, y si no, sólo hace falta voltear y ver el futbol.

El futbol se parece a la vida, porque el 99% de las veces, las cosas no salen bien, decía Rogan Taylor, profesor en Liverpool de la maestría de administración de negocios futbolísticos, y añadía que por eso se vendía tanto, porque el sufrimiento es parte del hombre y cuando a veces se gana, la felicidad es interminable.

Inglaterra nunca ha ganado una Euro, algo completamente inexplicable para los inventores de este juego (al menos ellos pusieron las reglas, lo popularizaron y llevaron a todo el mundo).

Jugadores han ido y venido, entrenadores igual, pero el equipo nacional siempre ha sido contendiente aunque nunca ha ganado. Habrá que ver si una generación que trae a dos ídolos de la Inglaterra profunda, el niño malo de Tottenham, Wayne Rooney, un Scalli a quien nadie quisiera encontrarse en una riña en las calles de Liverpool, o Jamie Vardy, el hombre que personifica ese sueño del héroe del pueblo, del obrero que un día recibe una oportunidad y se vuelve campeón, hacen que Inglaterra por fin gane.

Lo difícil será vencer a su antagonista principal en la Segunda Guerra, Alemania, o al comparsa de los nazis, los italianos. Además que el aumento de rivales para esta Euro hace que haya más contendientes con mucha calidad, pues aunque nombres como Gales o Islandia no sean referentes de superpotencias, al final no hay enemigos pequeños, y el nivel de la Eurocopa no es el mismo que la Copa América. Sólo hay que recordar en qué países están las ligas más importantes.

Ahora habrá que ver si Inglaterra por fin reclama su trono, o si de plano se queda estóico, aguantando hasta el final para ver si un día le llega su victoria.

 

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