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Posted on Jun 9, 2016 in Home | 0 comments

La pasión no se vende

La pasión no se vende

Por José De la Grana

A sólo unas horas que la Euro 2016 sea inaugurada en Francia, con el partido entre los anfitriones contra Rumanía salta a la vista el aumento de los equipos participantes en la justa continental. En 2012 fueron 16, esta edición serán 24. La primera lectura resulta muy fácil: más equipos = más partidos y más partidos = más publicidad y más dinero.

Todo esto ocurre tras un escándalo de corrupción que sacudió al mundo del futbol por completo. Tanto la FIFA como la UEFA se vieron envueltos y tendrá que pasar mucho tiempo para que el público le vuelva a creer a los máximos organismos del balompié tanto mundial como europeo.

Sin embargo, eso no quiere decir que el público no vaya a estar atento a lo que pasa en la Eurocopa. Muy al contrario, la nobleza de los aficionados y del futbol sobreviven —y lo han hecho siempre— a la corrupción de los hombres de pantalón largo. La pasión no conoce de patrocinadores y la pelota no entiende de primas, ni horarios estelares. Lo maravilloso del futbol es que a pesar de todo lo que rodea, al sonar el silbato del árbitro son 11 contra 11, ya sea en el Stade de France o en el parque de la esquina.

El sufrimiento y la injusticia contrario a la creencia popular, no dependen exclusivamente del árbitro y están implícitos en el futbol, como en la vida. El balompié no siempre es justo, no siempre gana el mejor, el balón es caprichoso y no bota siempre del lado del que ha dejado la piel en el campo. Y si no que se lo digan al Chelsea cuando perdió contra el Barcelona en 2009 en las semifinales de la Champions en Stamford Bridge o a España cuando en la Copa del Mundo del 2002 el árbitro egipcio Gamal Al-Ghandour y el fallo de Joaquín desde los 11 pasos decidieron que Corea avanzaba a semifinales o a México cuando un más que dudoso penalti en el último minuto le robó una vez más la ilusión a todo un país.

El futbol no es justo y todo lo que lo rodea no es transparente, pero cada vez que el balón rueda son 11 contra 11 y la pasión se desborda en las gradas del estadio o en la banca del parque. Qué importa si son más equipos, el negocio del futbol no mancha al juego. Como en la vida, el día que un verdadero aficionado cambie una cartera por el amor de su vida, por el escudo de su equipo, por el grito de victoria, ese día podremos decir que habrán ganado ellos, los que alquilan al mejor postor y en horarios estelares, la pasión que no se vende.

Los escándalos, la corrupción y los organismos no opacan al juego del hombre.

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